Escribiendo estas lÃneas justo después de ver la pelÃcula de Christopher Nolan, uno sólo cabe preguntarse quién demonios va a tomar el testigo que el director británico ha dejado. Tirando de la manta y dejando al descubierto el mar de interrogantes que afecta a las raÃces no ya del cine de superhéroes, del cine en general, y por qué no, de la civilización contemporánea, Nolan dinamita, como el Jóker hace con Gotham City, la naturaleza del espectáculo mismo dirigiendo sus miras hacia su sustento psicológico. Y acaba pintando en abstracto muy poco tiempo después de que se inicie la proyección.

De ese modo, tras ver la apabullante El caballero oscuro (creo que es la palabra que mejor la describe, para lo bueno y lo malo), hay que destacar en primer lugar cómo la cinta expande las miras de la igualmente buena Batman Begins, ampliando su horizonte desde la psicosis de la identidad del individuo a la psicosis colectiva de toda una civilización, representada en la macrociudad de Gotham City. Nolan se sirve de las subtramas sentimentales e incluso de las escenas de acción como mero instrumento para hacer la autopsia al género. Después de esto, ya no necesitaremos manuales de cine, más bien de psicologÃa, para acercarnos al cine. Que los detractores del género agachen sus cabezas.
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